Hermano Hyacinthe
Cuando el Padre Champagnat fundó la congregación de los Hermanitos de María, no sé si llegó a soñar que, a través del tiempo, esa obra iba a extenderse por más de 76 países del mundo y, sobre todo, que algunos de sus hijos iban a sellar con su sangre la impronta de una espiritualidad apostólica y mariana que él ya sembró en sus primeros Hermanos.
La dedicación a la obra de la educación de jóvenes y niños es de por sí admirable y sublime, pero dar la vida, derramando hasta la última gota de sangre, presupone una total confianza en Dios Padre.
El 20 de abril de 1847, siete años después de la muerte de Champagnat, la congregación tuvo el primer mártir marista: el Hermano Hyacinthe (H. Jacinto). La Sociedad de María, desde sus primeros tiempos había estado animada por un gran espíritu misionero. En el periodo comprendido entre los años 1836 al 1859 fueron enviados trece grupos de Hermanos desde el Hermitage. En el tiempo de las primeras salidas se podía decir que los Padres y los Hermanos formaban una sola congregación: la Sociedad de María. Más tarde se produjo la división.
De aquí que el H. Jacinto fuera martirizado en las islas Salomón de Melanesia. Cuando el propio H. Jacinto en su carta enviada al Hermitage, cuenta la muerte del Padre marista, Epalle, no se imaginaba que él, pasado algún tiempo, terminaría en el estómago de los nativos de la isla de San Cristóbal.
“...Al día siguiente salimos hacia Santa Isabel. El 16 de diciembre nos ocurrió una gran desgracia, en los primeros días de estadía en el puerto de los Mil Barcos; aún tengo vivo el dolor. Debo esforzarme para darle la noticia. Espero que Dios no nos abandonará, pero se llevó a nuestro mayor apoyo, Monseñor Epalle, quien, al visitar a los salvajes, ha sido asesinado por estos infelices. Cinco hachazos le hundieron en el cráneo y dos lanzazos en su costado. Hubiera muerto entre sus manos, si los marineros que le acompañaban no hubiesen disparado con su fusil, lo que les asustó y lo dejaron”. (carta del H. Jacinto).
A continuación aparece su firma. Estas son probablemente las últimas palabras escritas que se conservan del hermano Hyacinthe, como hemos podido ver a lo largo de este relato, era un hombre de fe. Su vida desde que salió de Londres, había madurado mucho por medio del sufrimiento y las privaciones. Las motivaciones de su vocación misionera eran sinceras. Dios impulsaba a actuar y obrar, y puso a nuestra Buena Madre como faro salvador. Ninguna información nos queda desde esta carta hasta su muerte, que está llena de silencio y trabajo. Ilusiones, sudor, agotamiento, dedicación, entrega, oración son las palabras que pueden llenar este espacio de casi año y medio. El grano ya estaba preparado para ser sembrado. El terreno había sido arado y abonado. Sólo faltaba ser dócil y dejarse echar sobre las espaldas la cruz.
El verdadero nombre del Hno. Jacinto era el de José Chatelet. Había nacido en Autun el 17 de marzo de 1817. Inauguró el noviciado de Vouban el 8 de diciembre de 1839 con siete postulantes más y con la asistencia del padre Marcelino Champagnat. El 25 de marzo del año siguiente tomó el hábito de los Hermanitos de María y profesó el 13 de septiembre de 1843. El 2 de febrero de 1845 zarpaba del puerto de Londres un nuevo grupo de misioneros. Eran los primeros apóstoles de Melanesia. Su destino final: las islas Salomón, en las que intentaría fundar una nueva misión.
Con él, de Londres salieron los siguientes Padres y Hermanos: Padres Fremont, Paget, Verguet, Churain, Thomassin y Jacques; y los Hermanos Gennade, Aristide, Bertrand y Jacinto, que es de quien hacemos referencia.
A partir del H. Jacinto, primer Hermano marista, mártir, han ido desfilando a través de la historia de la Congregación Marista otros muchos Hermanos, a los que se les despojó la vida por el sólo hecho de ser cristiano o religioso, no habiendo de parte de los Hermanos, manisfestaciones de rango político, de violencia o de revancha en el instante de su muerte: aceptando la muerte con humildad, valentía y con signos de perdón a los perseguidores.
Después del Hermano Jacinto, protomártir del Instituto de los Hermanos Maristas, ha habido muchos hermanos mártires, hasta un total de 203. La sangre de estos mártires está sembrada en las islas Salomón, año 1947- 1 Hermano-; en Nueva Zelanda, año 1864 -1 Hermano-; en China, años 1900, 1906, 1951 -10 Hermanos-; en España, años 1909, 1934, 1936 -177 Hermanos-; en Guatemala, año 1991 -1 Hermano-; en Argelia, año 1994 -1 Hermano-; en Ruanda, año 1994 -6 Hermanos-; y en el Zaire, año 1996 –6 Hermanos-.
La vida entregada de estos Hermanos es reclamo para vivir nuestra vocación a plenitud y es, al mismo tiempo, una denuncia de nuestro mundo insolidario y egoísta.