miércoles, 25 de noviembre de 2009

Un segundo intento

Estamos otra vez ante una situación harto difícil. No se trata ahora de una fusión con otra congregación como era el caso con el Vicario General Bochard sino de un intento de desaparición de los propios Hermanitos de María. Ahora topamos con el Padre Marista Courveille.
Es el padre Champagnat quien llama a Courveille y se va a vivir a la nueva casa del Hermitage, y se autoconstituye Superior General de los Hermanos, diciendo que la primera idea de la fundación de la Sociedad de María había sido suya. Marcelino que le estimaba mucho, le deja hacer en este sentido. Pero Courveille se da cuenta que los Hermanos acuden siempre al P.Champagnat y a ello no se resigna.

Empieza a maniobrar para excluir a Champagnat. Al final del verano de 1825, reúne a los Hermanos para proponerle una votación para elegir Superior. Los Hermanos eligen a Marcelino. Courveille repite la votación para que los Hermanos reflexionen mejor. De nuevo sale elegido Champagnat. Courveille muy molesto deja por zanjada la cuestión.

Aprovechando la ausencia de Champagnat, Courveille demuestra su malestar con reproches, castigos y desprecios hacia los Hermanos.

En la Navidad de 1825, Marcelino cae gravemente enfermo. En estos momentos, Courveille, aprovecha juntamente con el otro P. Terraillon, para desanimar a los Hermanos: los acreedores vendrán a cobrar las deudas, aconsejan que abandonen la casa y que ellos mismos pedirán irse a una parroquia.

Poco a poco Marcelino se va recuperando. Y un día que Courveille había reunido a los Hermanos, Marcelino haciendo un esfuerzo sobrehumano, se levanta todo pálido y debilitado, y agarrándose a las paredes irrumpe en la sala. Los Hermanos se levantan dándole un fuerte aplauso.

Courveille no resiste esta prueba y se retira. Algún tiempo después cae en una culpa moral muy desagradable. Antes de retirarse a la trapa, escribe al Arzobispado para que haga una visita al Hermitage pues las cosas no iban bien. En el texto de la carta se dice que Champagnat era un santo pero no era un buen director espiritual y ni un buen administrador.

Efectivamente, viene Cattet, Vicario General de la diócesis.

martes, 17 de noviembre de 2009

Conflictos con Bochard



El P. Champagnat tuvo serios conflictos con el Vicario General de la diócesis de Lyon, Mons. Claudio María Bochard. Este Vicario tenía el encargo de velar por los Seminarios y las Congregaciones Religiosas. Tuvo que enfrentarse al delicado trabajo de organizar la multitud de congregaciones que brotaban por todas partes. Él mismo como fundador y director de los "Hermanos de la Cruz de Jesús", veía que esta proliferación de congregaciones pondría en peligro la suya. La enseñanza de las niñas estaba confiada a las Hermanas de San Carlos y a las Hermanas de San José; la enseñanza de los niños recaía en los Hermanos de las Escuelas Cristianas y en los Hermanos de la Cruz de Jesús. Las nuevas congregaciones de Hermanos deberían fusionarse a estos últimos o abandonar la diócesis.


Este era el conflicto entre Bochard y Champagnat.


Por otra parte, el cura párroco de La Valla, descontento de la actuación de Champagnat, informaba desfavorablemente al Sr. Vicario. Dicho sea de paso, el Sr. Rebod, párroco, tenía la debilidad de beber más de la cuenta, veía que los feligreses apreciaban a Champagnat y que Marcelino le suplía cada vez menos en las funciones parroquiales pues se había ido a vivir con los Hermanos en la casa de La Valla.


El Vicario General pidió hablar con el P. Champagnat. Lo recibió algo molesto y extrañado de que se fundara una congregación no sólo sin su permiso sino como a escondidas. Pero le propuso que uniera su congregación a la de los Hermanos de la Cruz de Jesús pero Champagnat no veía el asunto nada claro.


No conforme con esto, el Sr. Bochard escribió una carta dirigida al S. Rebod, párroco, en la cual condenaba la "reunión de ilegítima" de jóvenes en La Valla, lo acusaba de desviar en su provecho el dinero obtenido en las colectas parroquiales y ordenaba la dispersión de los Hermanos de María o su fusión con los Hermanos de la Cruz de Jesús "bajo la pena de ser suspendido ad divinis".


Enterado el Sr. Vicario General de la oposición de Champagnat, lo trató de terco, de espíritu estrecho, orgulloso y rebelde para terminar diciendo que iba a tomar medidas para cerrar su casa y dispersar a los sujetos.


Ante todo esto, Champagnat acudió a otro Vicario General, Sr. Courbon, hombre experimentado y entrado en años que, con toda amabilidad, le dijo que no era necesaria la fusión de ambas congregaciones y que siguiera adelante con su proyecto.


Pero, especialmente, Marcelino buscaba refugio seguro invocando a Nuestra Señora de la Piedad, en su capilla de La Valla, dirigiéndose allí con sus Hermanitos varias veces a la semana y celebrando la Santa Misa.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Los dos primeros Hermanos y el joven Montagne

El lunes día 28 de octubre de 1816, Champagnat asiste al joven de 17 años, Juan Bautista Montagne, en el caserío de Palais y gravemente enfermo. Champagnat queda impresionado dada la ignorancia y la falta de formación religiosa del joven.
Justamente, el día 6 de este mismo mes, Marcelino había llamado a un joven, huérfano de padre y de madre, que le había impresionado por su piedad y buen comportamiento. Este joven de 22 años de edad era Juan María Granjon y no sabía leer ni escribir.
Tres semanas más tarde es Juan María el que se acerca a Champagnat para hablarle de un joven que se encontraba enfermo y pedía confesarse. Van los dos a ver al enfermo, siendo ya de noche, en el camino Champaganat aprovecha para hablar con él.
Al día siguiente, domingo 27 octubre, Champagnat va a visitar de nuevo al enfermo y de paso se acerca a Juan María para darle un libro: “Tome el libro que le servirá para aprender a leer, y yo mismo me ofrezco para ayudarle”
El día de Todos los Santos, 1 de noviembre, va a confesarse Juan Bautista Audras, de 15 años, natural de la Valla, con el padre Champagnat, al que le expone sus inquietudes vocacionales. Una semana antes había estado con los Hermanos de las Escuelas Cristianas que no lo habían admitido por ser tan joven.
En el corazón apasionado de Champagnat estaban presentes estos tres jóvenes. Uno de ellos, desde su ignorancia y abandono, le recordaba a otros muchos que vivían en esas mismas condiciones. Esto le dolía. Otro, desde su buena fe e ignorancia, le empujaba a darse por entero. Esto le comprometía. Un tercero, desde su inquietud religiosa, le obligaba a acompañarle en su proceso vocacional. Esto le hacía confiar en Dios y en María.
El 2 de enero de 1817, dos jóvenes, pasan a vivir con Marcelino en la Valla y empieza el sueño de Champagnat.
Que la compasión y la misión nos lleven a fiarnos de Dios. Donde nos lleve el corazón de Champagnat.

lunes, 15 de octubre de 2007

Biografía del Hermano Jacinto

Hermano Hyacinthe

Cuando el Padre Champagnat fundó la congregación de los Hermanitos de María, no sé si llegó a soñar que, a través del tiempo, esa obra iba a extenderse por más de 76 países del mundo y, sobre todo, que algunos de sus hijos iban a sellar con su sangre la impronta de una espiritualidad apostólica y mariana que él ya sembró en sus primeros Hermanos.
La dedicación a la obra de la educación de jóvenes y niños es de por sí admirable y sublime, pero dar la vida, derramando hasta la última gota de sangre, presupone una total confianza en Dios Padre.
El 20 de abril de 1847, siete años después de la muerte de Champagnat, la congregación tuvo el primer mártir marista: el Hermano Hyacinthe (H. Jacinto). La Sociedad de María, desde sus primeros tiempos había estado animada por un gran espíritu misionero. En el periodo comprendido entre los años 1836 al 1859 fueron enviados trece grupos de Hermanos desde el Hermitage. En el tiempo de las primeras salidas se podía decir que los Padres y los Hermanos formaban una sola congregación: la Sociedad de María. Más tarde se produjo la división.
De aquí que el H. Jacinto fuera martirizado en las islas Salomón de Melanesia. Cuando el propio H. Jacinto en su carta enviada al Hermitage, cuenta la muerte del Padre marista, Epalle, no se imaginaba que él, pasado algún tiempo, terminaría en el estómago de los nativos de la isla de San Cristóbal.
“...Al día siguiente salimos hacia Santa Isabel. El 16 de diciembre nos ocurrió una gran desgracia, en los primeros días de estadía en el puerto de los Mil Barcos; aún tengo vivo el dolor. Debo esforzarme para darle la noticia. Espero que Dios no nos abandonará, pero se llevó a nuestro mayor apoyo, Monseñor Epalle, quien, al visitar a los salvajes, ha sido asesinado por estos infelices. Cinco hachazos le hundieron en el cráneo y dos lanzazos en su costado. Hubiera muerto entre sus manos, si los marineros que le acompañaban no hubiesen disparado con su fusil, lo que les asustó y lo dejaron”. (carta del H. Jacinto).
A continuación aparece su firma. Estas son probablemente las últimas palabras escritas que se conservan del hermano Hyacinthe, como hemos podido ver a lo largo de este relato, era un hombre de fe. Su vida desde que salió de Londres, había madurado mucho por medio del sufrimiento y las privaciones. Las motivaciones de su vocación misionera eran sinceras. Dios impulsaba a actuar y obrar, y puso a nuestra Buena Madre como faro salvador. Ninguna información nos queda desde esta carta hasta su muerte, que está llena de silencio y trabajo. Ilusiones, sudor, agotamiento, dedicación, entrega, oración son las palabras que pueden llenar este espacio de casi año y medio. El grano ya estaba preparado para ser sembrado. El terreno había sido arado y abonado. Sólo faltaba ser dócil y dejarse echar sobre las espaldas la cruz.
El verdadero nombre del Hno. Jacinto era el de José Chatelet. Había nacido en Autun el 17 de marzo de 1817. Inauguró el noviciado de Vouban el 8 de diciembre de 1839 con siete postulantes más y con la asistencia del padre Marcelino Champagnat. El 25 de marzo del año siguiente tomó el hábito de los Hermanitos de María y profesó el 13 de septiembre de 1843. El 2 de febrero de 1845 zarpaba del puerto de Londres un nuevo grupo de misioneros. Eran los primeros apóstoles de Melanesia. Su destino final: las islas Salomón, en las que intentaría fundar una nueva misión.
Con él, de Londres salieron los siguientes Padres y Hermanos: Padres Fremont, Paget, Verguet, Churain, Thomassin y Jacques; y los Hermanos Gennade, Aristide, Bertrand y Jacinto, que es de quien hacemos referencia.
A partir del H. Jacinto, primer Hermano marista, mártir, han ido desfilando a través de la historia de la Congregación Marista otros muchos Hermanos, a los que se les despojó la vida por el sólo hecho de ser cristiano o religioso, no habiendo de parte de los Hermanos, manisfestaciones de rango político, de violencia o de revancha en el instante de su muerte: aceptando la muerte con humildad, valentía y con signos de perdón a los perseguidores.
Después del Hermano Jacinto, protomártir del Instituto de los Hermanos Maristas, ha habido muchos hermanos mártires, hasta un total de 203. La sangre de estos mártires está sembrada en las islas Salomón, año 1947- 1 Hermano-; en Nueva Zelanda, año 1864 -1 Hermano-; en China, años 1900, 1906, 1951 -10 Hermanos-; en España, años 1909, 1934, 1936 -177 Hermanos-; en Guatemala, año 1991 -1 Hermano-; en Argelia, año 1994 -1 Hermano-; en Ruanda, año 1994 -6 Hermanos-; y en el Zaire, año 1996 –6 Hermanos-.
La vida entregada de estos Hermanos es reclamo para vivir nuestra vocación a plenitud y es, al mismo tiempo, una denuncia de nuestro mundo insolidario y egoísta.

domingo, 14 de octubre de 2007

Mártires Maristas

El día 28 octubre van a ser beatificados 47 Hermanos Maristas en la ciudad de Roma. Dicha ceremonia será un reconocimiento de la valentía y la entrega generosa de esos hombres dedicados por entero a la educación de niños y jóvenes y que fueron martirizados sólo por el hecho de ser religiosos.
En el cometido de su misión encontraron muchas satisfacciones personales pero, también, muchas dificultades debido a las circunstancias históricas que les tocó vivir.
Ya desde el año 1931, con la implantación de la segunda República española, hubo que afrontar la derogación de las congregaciones religiosas por mandato de la Constitución vigente entonces, por lo que no se podía ejercer la enseñanza en los colegios religiosos. Pero los Hermanos siguieron al frente de sus colegios y tuvieron que cambiar el nombre del colegio, vestir de paisano y cambiar el nombre de Hermano por el de Don.
Este ambiente enrarecido se mantuvo hasta la declaración del la guerra civil española que duró del 1936 al 1939. En el mes de setiembre de 1936 en la ciudad de Barcelona, los Hermanos tuvieron que esconderse y alojarse en fondas de forma anónima pues eran perseguidos por las patrullas de control, mandadas por la F.A.I. (Federación Anárquica Ibérica) y por la C.N.T. (Confederación Nacional del Trabajo). Los Hermanos tenían que cambiarse de fonda para no ser localizados, pero sin embargo, muchos de ellos fueron cogidos para ser encarcelados o para ser matados sin ningún juicio previo.
En medio de esta atmósfera de miedo y de turbación los Hermanos se ven obligados a pactar con los jefes de la F.A.I. para poder sacar a los Hermanos y formandos de España con destino a Francia.
En un primer intento sólo pudieron salir de España 109 jóvenes aspirantes a Maristas previo pago de la cantidad convenida-100.000 francos-.
En un segundo intento, los Hermanos se reunieron en el barco Cabo San Agustín, para pasarlos a Marsella desde el puerto de Barcelona. En esta ocasión, los Herrmanos también pagaron otros 100.000 francos.En esta segunda trampa, tramada por la F.A.I., 117 Hermanos, fueron bajados del barco para pasarlos a la checa de San Elías, de donde los iban sacando para matarlos en grupos pequeños.
El sufrimiento de estos Hermanos fue indecible e indescriptible. Pero estos Hermanos afrontaron estos sufrimientos porque se animaban los unos a los otros, hacían oración y comulgaban dentro de los calabozos. Todos se mantenían como una piña alrededor del superior Provincial, H. Laurentino.
En la noche del 8 de octubre, 46 Hermanos salieron de la checa de San Elías para nunca más volver. La semilla de la vida estaba echada en la tierra por la sangre derramada de estos Hermanos