martes, 17 de noviembre de 2009

Conflictos con Bochard



El P. Champagnat tuvo serios conflictos con el Vicario General de la diócesis de Lyon, Mons. Claudio María Bochard. Este Vicario tenía el encargo de velar por los Seminarios y las Congregaciones Religiosas. Tuvo que enfrentarse al delicado trabajo de organizar la multitud de congregaciones que brotaban por todas partes. Él mismo como fundador y director de los "Hermanos de la Cruz de Jesús", veía que esta proliferación de congregaciones pondría en peligro la suya. La enseñanza de las niñas estaba confiada a las Hermanas de San Carlos y a las Hermanas de San José; la enseñanza de los niños recaía en los Hermanos de las Escuelas Cristianas y en los Hermanos de la Cruz de Jesús. Las nuevas congregaciones de Hermanos deberían fusionarse a estos últimos o abandonar la diócesis.


Este era el conflicto entre Bochard y Champagnat.


Por otra parte, el cura párroco de La Valla, descontento de la actuación de Champagnat, informaba desfavorablemente al Sr. Vicario. Dicho sea de paso, el Sr. Rebod, párroco, tenía la debilidad de beber más de la cuenta, veía que los feligreses apreciaban a Champagnat y que Marcelino le suplía cada vez menos en las funciones parroquiales pues se había ido a vivir con los Hermanos en la casa de La Valla.


El Vicario General pidió hablar con el P. Champagnat. Lo recibió algo molesto y extrañado de que se fundara una congregación no sólo sin su permiso sino como a escondidas. Pero le propuso que uniera su congregación a la de los Hermanos de la Cruz de Jesús pero Champagnat no veía el asunto nada claro.


No conforme con esto, el Sr. Bochard escribió una carta dirigida al S. Rebod, párroco, en la cual condenaba la "reunión de ilegítima" de jóvenes en La Valla, lo acusaba de desviar en su provecho el dinero obtenido en las colectas parroquiales y ordenaba la dispersión de los Hermanos de María o su fusión con los Hermanos de la Cruz de Jesús "bajo la pena de ser suspendido ad divinis".


Enterado el Sr. Vicario General de la oposición de Champagnat, lo trató de terco, de espíritu estrecho, orgulloso y rebelde para terminar diciendo que iba a tomar medidas para cerrar su casa y dispersar a los sujetos.


Ante todo esto, Champagnat acudió a otro Vicario General, Sr. Courbon, hombre experimentado y entrado en años que, con toda amabilidad, le dijo que no era necesaria la fusión de ambas congregaciones y que siguiera adelante con su proyecto.


Pero, especialmente, Marcelino buscaba refugio seguro invocando a Nuestra Señora de la Piedad, en su capilla de La Valla, dirigiéndose allí con sus Hermanitos varias veces a la semana y celebrando la Santa Misa.

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